A veces temo que los agujeros negros sean como la gripe, que se contraigan por contacto aéreo o consanguíneo. Me horrorizaría despertarme un día y descubrir que un agujero negro se me ha posado en el estómago. Los agujeros negros son la muerte de las estrellas, la muerte de la luz, que se pierde en su interior.
Resulta incómodo que te ronde las tripas un fenómeno de esa naturaleza, porque los especialistas gástricos no saben que hacer con ellos, no se curan con alcaserse o sal de fruta. Uno, con los agujeros negros, tiende a hacer lo que por naturaleza hacemos con todos los agujeros: llenarlos; es el remedio doméstico por excelencia con este tipo de enfermedad. No aguantamos con un hueco de semejante envergadura en nuestro haber y tendemos a procurar taparlo con lo que sea. Nos obsesionamos con él, parece que haya que cerrarlo con lo que sea, con cuanto esté a nuestro alcance sin que importe nada más.
No les será difícil reconocer a los "agripados" de agujeros negros . Se distinguen por la fuerza de su gravedad, porque todo lo atraen y todo lo consumen, y jamás se sacian. Prueben si quieren a retar a uno de ellos, se lo tragará todo. Estos enfermos tienen siempre problemas y más problemas que necesitan ser solucionados para que se cierren paz sus agujeros, sin embargo, casi a la misma velocidad en la que uno procura solventar los despropósitos, el agujero sigue tragando y tragando y generando más inconvenientes.
Los agujeros negros exhiben el victimismo por bandera, sea cual sea su situación se quejan de todo, y si andan cerca también les alcanzará la metralla de tanto pesimismo; como les digo, su gravedad todo lo atrae y todo lo traga. Otra característica de estas personas es que son centrífugas, chupan hacia dentro (lo que en otras circunstancias hasta tendría su aquel) porque buscan llenarse. Es gente que necesita el trabajo o el coche perfecto, la casa o la pareja inmejorable, la falda o los zapatos ideales, pero nada es bastante para ellos, y entonces buscan otra y otra cosa, otro trabajo, otra pareja, otras experiencias o lo que quiera que se tercie sin importar cuánta materia celeste o cuánta luz se tragan en el proceso.
Engullen tanta luz que andan por su mundo a oscuras. Emiten juicios y opinan sin fundamento porque no alcanzan a ver más allá de sus narices, porque ninguna luz ilumina su mirada ni consigue que aparten la vista de su propio ombligo. Buscan estar siempre acompañados, con sus amigos o su familia montándoles un circo que los entretenga y los llene en todo momento, porque es que los agujeros negros no se soportan un momento a solas; si el agujero negro no tiene nada a la lado que chupar se traga a sí mismo, son fenómenos que se autoconsumen.
Debe ser triste ser un agujero negro, querer siempre más y más sin saber realmente lo que se desea - como las princesitas caprichosas de los cuentos-, saberte incapaz de sentirte completo y contento con nada, tener que depender de otros para que te monten el circo y tenerlos continuamente ocupados en esa labor. Yo, si quieren que les diga, más que a agujero negro aspiro a agujero de gusano - los agujeros de gusano son estrechos y difíciles de encontrar, pero cuando entras en ellos te llevan a otro mundo, como las novelas y los cuentos - o a estrella fugaz - que te iluminan por un instante los deseos - o a astro doméstico -que calienta y da luz-, porque en el primer caso el agujero no sirve para dejarte vacío sino para transportar a otros más allá de donde jamás podrían llegar por su propio pie, y en los otros dos - al menos - iluminas y calientas el mundo ajeno. Si uno más que absorber luz se dedica a concedérsela a los otros, ésta se refleja en ellos, que te la devuelven y terminan calentándote e iluminándote. ¿A que son hermosos los códigos secretos que rigen el universo?
Resulta incómodo que te ronde las tripas un fenómeno de esa naturaleza, porque los especialistas gástricos no saben que hacer con ellos, no se curan con alcaserse o sal de fruta. Uno, con los agujeros negros, tiende a hacer lo que por naturaleza hacemos con todos los agujeros: llenarlos; es el remedio doméstico por excelencia con este tipo de enfermedad. No aguantamos con un hueco de semejante envergadura en nuestro haber y tendemos a procurar taparlo con lo que sea. Nos obsesionamos con él, parece que haya que cerrarlo con lo que sea, con cuanto esté a nuestro alcance sin que importe nada más.
No les será difícil reconocer a los "agripados" de agujeros negros . Se distinguen por la fuerza de su gravedad, porque todo lo atraen y todo lo consumen, y jamás se sacian. Prueben si quieren a retar a uno de ellos, se lo tragará todo. Estos enfermos tienen siempre problemas y más problemas que necesitan ser solucionados para que se cierren paz sus agujeros, sin embargo, casi a la misma velocidad en la que uno procura solventar los despropósitos, el agujero sigue tragando y tragando y generando más inconvenientes.
Los agujeros negros exhiben el victimismo por bandera, sea cual sea su situación se quejan de todo, y si andan cerca también les alcanzará la metralla de tanto pesimismo; como les digo, su gravedad todo lo atrae y todo lo traga. Otra característica de estas personas es que son centrífugas, chupan hacia dentro (lo que en otras circunstancias hasta tendría su aquel) porque buscan llenarse. Es gente que necesita el trabajo o el coche perfecto, la casa o la pareja inmejorable, la falda o los zapatos ideales, pero nada es bastante para ellos, y entonces buscan otra y otra cosa, otro trabajo, otra pareja, otras experiencias o lo que quiera que se tercie sin importar cuánta materia celeste o cuánta luz se tragan en el proceso.
Engullen tanta luz que andan por su mundo a oscuras. Emiten juicios y opinan sin fundamento porque no alcanzan a ver más allá de sus narices, porque ninguna luz ilumina su mirada ni consigue que aparten la vista de su propio ombligo. Buscan estar siempre acompañados, con sus amigos o su familia montándoles un circo que los entretenga y los llene en todo momento, porque es que los agujeros negros no se soportan un momento a solas; si el agujero negro no tiene nada a la lado que chupar se traga a sí mismo, son fenómenos que se autoconsumen.
Debe ser triste ser un agujero negro, querer siempre más y más sin saber realmente lo que se desea - como las princesitas caprichosas de los cuentos-, saberte incapaz de sentirte completo y contento con nada, tener que depender de otros para que te monten el circo y tenerlos continuamente ocupados en esa labor. Yo, si quieren que les diga, más que a agujero negro aspiro a agujero de gusano - los agujeros de gusano son estrechos y difíciles de encontrar, pero cuando entras en ellos te llevan a otro mundo, como las novelas y los cuentos - o a estrella fugaz - que te iluminan por un instante los deseos - o a astro doméstico -que calienta y da luz-, porque en el primer caso el agujero no sirve para dejarte vacío sino para transportar a otros más allá de donde jamás podrían llegar por su propio pie, y en los otros dos - al menos - iluminas y calientas el mundo ajeno. Si uno más que absorber luz se dedica a concedérsela a los otros, ésta se refleja en ellos, que te la devuelven y terminan calentándote e iluminándote. ¿A que son hermosos los códigos secretos que rigen el universo?
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